Salir sin pedir permiso. Volver distinto.
AVE Madrid–Sevilla — el tren como declaración de principios
Tren / AVEAtocha, andén de salida antes de las ocho. El AVE a Sevilla en dos horas y media no es transporte: es la demostración de que España tiene la mejor infraestructura ferroviaria de Europa. En clase preferente, café de máquina, llegando a Santa Justa cuando la ciudad todavía huele a noche. Reserva la vuelta en el mismo día. O no vuelvas.
Terminal T4S — la salida sin el aeropuerto
Vuelo largo radioBarajas, satélite T4S. Acceso solo con embarques de largo radio y clase business. Sin pantallas que gritan, sin duty free obligatorio. Vuelos directos a Ciudad de México, Buenos Aires, Tokio sin escala. Madrid es el hub que no necesita hacer escala para ir a cualquier sitio. Eso sí es ser capital.
La carretera que baja hacia Cadaqués es una de las mejores de Europa. El pueblo al final resiste todavía. Casas blancas, mar azul nórdico, sin discotecas. Lo que la Costa Brava fue antes de que todo el mundo descubriera la Costa Brava.
Montserrat — sin el tren de cremallera
MontañaLa montaña sagrada de Cataluña, con las rocas que parecen dedos apuntando al cielo. Ir en coche, madrugar, llegar antes que los grupos. El monasterio existe y la vista de Barcelona desde arriba también. Pero el mejor momento es cuando no hay nadie más.
Marché d'Aligre — sábado por la mañana
MercadoEl mejor mercado de París no es el más famoso. Es este, en el XII arrondissement, con su parte cubierta y su parte de calle. Productores del Île-de-France, vendedores de segunda mano, la brasserie de al lado que abre a las siete. El París sin filtro del sábado.
Montauk — el final de Long Island
Long IslandDos horas y media en el LIRR desde Penn Station. El extremo oriental de Long Island, antes de que acabara todo. Surf, acantilados, restaurantes de langosta. Los Hamptons quedan en el camino y los atraviesas sin parar.
Hudson, NY — la ciudad de dos horas que parece otra vida
UpstateDos horas en Amtrak siguiendo el río Hudson. Una calle principal con anticuarios, estudios de artistas, un bar que sirve vino natural. Galería de arte en cada esquina. La ciudad que eligieron los que se cansaron de Brooklyn pero no pudieron dejar del todo Nueva York.
The Catskills — monte, río, silencio
UpstateLas montañas a dos horas de Manhattan que alimentan el acueducto de la ciudad. Senderismo, pesca con mosca, casas de madera en el bosque. Los neoyorquinos que saben las alquilan cada verano. Los que no saben todavía van a los Hamptons.
Tren nocturno a Viena — cama incluida
NightjetSale de Berlin Hauptbahnhof a las 21:47. Llegas a Viena con el café. Sin aeropuerto, sin maleta en cabina, sin esperas. El tren nocturno europeo ha vuelto y es exactamente lo que esperas que sea.
Potsdam — 30 minutos en S-Bahn
EscapadaPalacio de Sanssouci en bici, lagos de Havel en kayak. La versión de Berlín que no tiene prisa. Para el domingo que no quieres estar en la ciudad pero tampoco irte.
Hakone — el fin de semana del Fuji
EscapadaA noventa minutos en el Romancecar de Odakyu. Ryokan con onsen privado, el Fuji al amanecer si el tiempo lo permite, el museo de escultura al aire libre de Hakone. El fin de semana que los tokyoitas hacen cuando necesitan salir de Tokyo sin salir de Tokyo.
La isla del Mar Interior de Seto donde Tadao Ando construyó tres museos bajo tierra. El Chichu Art Museum con los Monet a la luz natural. El Lee Ufan Museum. Las casas del pueblo convertidas en instalaciones por artistas internacionales. Cuatro horas en tren y ferry desde Tokyo. Vale cada minuto del viaje.
Karuizawa — el whisky y los bosques
EscapadaLa antigua destilería de whisky Karuizawa cerró en 2000. Sus últimas botellas se subastaron por decenas de miles de euros. El pueblo de montaña donde estaba tiene bosques de abedul y restaurantes italianos increíbles. Una hora y quince minutos en Shinkansen desde Tokyo. El destino que nadie espera que funcione y que siempre funciona.
Maldivas — 4 horas, cuatro vuelos al día
EscapadaDubai no es un destino final para quien vive aquí. Es el hub. Maldivas, Seychelles, Zanzíbar, Mauricio. Emirates conecta con 140 destinos. La gracia no es llegar a Dubai. Es lo que te permite alcanzar desde aquí.
Omán — tres horas en coche, otro siglo
Frontera realCruzar hacia Omán por la frontera de Hatta. Wadis, montañas de Hajar, silencio total. Lo que Dubai borró en veinte años, Omán lo conservó sin pensárselo dos veces. El contrapunto perfecto.
Pulau Ubin — la isla que Singapore olvidó modernizar
Ferry 2.50$A doce minutos en bumboat desde Changi Point Ferry Terminal. La isla que se quedó en los años sesenta. Casas de madera, granjas de patos, selva tropical, bicicletas sin marchas. Ningún 7-Eleven, ninguna señal de wifi. La Singapore que existía antes de Lee Kuan Yew decidiera que el futuro era el aire acondicionado.
Malacca — cuatro horas en autobús, cuatro siglos atrás
MalaysiaEl autobús desde Golden Mile Tower a Malacca, cuatro horas. La ciudad portuaria donde convergieron portugueses, holandeses, ingleses y chinos durante quinientos años. El Jonker Street de noche, la mezquita Kampung Kling, el satay celup en el río. Todo lo que Singapore sacrificó por la eficiencia, Malacca lo conservó sin querer.
Penang — volar una hora, comer tres días
MalaysiaEl destino gastronómico más serio del Sudeste Asiático. Char kway teow, asam laksa, nasi kandar. La capital Georgetown con sus murales y sus shophouses Peranakan. Los singaporenses van a Penang a comer lo que sus abuelos comían. Una hora de vuelo, veinte años atrás.
Blue Mountains — dos horas, otro mundo
NSWEl tren desde Central Station a Katoomba, dos horas. Las montañas azules por los aceites de eucalipto que tiñen el aire. Katoomba con sus cafés y sus casas de los veinte, las Tres Hermanas sobre el valle de Jamison. Senderismo de verdad, sin multitudes. El interior australiano que Sydney olvida que tiene al lado.
Hunter Valley — el vino que Australia nunca menciona
NSWDos horas al norte de Sydney, el primer valle vitivinícola de Australia. Semillon seco de Hunter Valley, los únicos del mundo que mejoran durante veinte años en botella. Las bodegas abren los fines de semana, las degustaciones cuestan quince dólares, el paisaje de pasto y montaña no tiene nada que envidiar a Borgoña. Australia guarda sus mejores secretos en el interior.
Jervis Bay — la arena más blanca del mundo
South CoastTres horas al sur de Sydney. El Guinness World Records la reconoce como la arena más blanca del planeta, sílice puro, quema los ojos a mediodía. Hyams Beach, delfines en la bahía, agua a dieciséis grados. Lo que los australianos visitan cuando quieren una playa sin turistas. Ningún hotel de cadena. Eso es suficiente información.
Oaxaca — el México que no negocia
EscapadaUna hora de avión. Mole negro, mezcal artesanal, zapoteca en las conversaciones del mercado. Monte Albán al atardecer. El único lugar del mundo donde puedes desayunar tasajo y terminar la noche en una mezcalería de culto. Oaxaca no es México. Oaxaca es Oaxaca.
San Cristóbal de las Casas — Chiapas sin coartada
SierraA 2.200 metros en Chiapas, con colectivos tzotziles y café de altura en cada esquina. Los zapatistas siguen en el muro. El mercado de Santo Domingo es el único mercado artesanal donde nada es souvenir. Para los que quieren entender qué significa que México sea plural.
Gran Muralla de Jinshanling — sin turistas
EscapadaA dos horas de Pekín, la sección de la Muralla que no está restaurada ni saturada. Torres en ruinas, pendientes reales, el silencio que la Muralla tenía cuando era frontera. Badaling es el aeropuerto. Jinshanling es la Muralla.
Chengde — donde los emperadores se escapaban
HistóricoTres horas al norte de Pekín, el palacio de verano de la dinastía Qing rodeado de templos tibetanos, mongoles y budistas. El lugar donde la corte imperial gestionaba un imperio de doce millones de kilómetros cuadrados. Arquitectura que contiene el mundo.
Cañones de arenisca roja de trescientos metros de altura, el río Virgin al fondo, senderos que te ponen en perspectiva. A dos horas de Las Vegas, el antídoto perfecto. Salir a las seis de la mañana, llegar con el sol, volver para cenar. El desierto que recuerda lo que eres.
Death Valley — el lugar más extremo de América
DesiertoA dos horas y media, el punto más bajo de América del Norte y el lugar más caliente del planeta. Dunas de arena, salares blancos, cielos sin contaminación lumínica. Solo en primavera o otoño. Solo con el depósito lleno y agua para dos días. La naturaleza sin domesticar.
Key West — el final de América
EscapadaCuatro horas por la US-1 sobre el Atlántico. La carretera construida sobre islas que no existen. Key West huele a alcohol, azahar y derrota voluntaria. Hemingway vivió aquí. Sus gatos todavía viven en su casa. La ciudad más rara de Estados Unidos, y la más honesta.
Dos horas en ferri desde el puerto de Miami. Nassau no es un resort. Nassau es una ciudad caribeña con historia propia: piratería, rum running, contrabando. El agua tiene ese color que no se puede fotografiar. Bay Street de noche, mercado de artesanía de mañana.
Mendoza — catorce horas en bus o noventa minutos en avión
EscapadaLas bodegas de Luján de Cuyo a las ocho de la mañana con los Andes al fondo. Malbec que no sale de Argentina. Asado al mediodía en una bodega familiar. Volver con tres cajas que no caben en el avión. Problema resuelto: el bus tiene bodega.
Patagonia — el fin del mundo habitable
SurBariloche en invierno no es la Suiza argentina. Es la Patagonia argentina. El Nahuel Huapi, los arrayanes, el viento que corta. El cordero al palo que aquí tiene sentido porque el cordero viene de aquí. Nada de esto tiene versión reducida.
Villa de Leyva — el pueblo que detuvo el tiempo
ColonialTres horas de Bogotá. La plaza colonial más grande de Colombia, sin semáforos, sin edificios modernos, con adoquines del siglo XVI. Los fines de semana se llena de bogotanos que huyen de Bogotá. Entre semana es otra cosa: silencio, frío seco, luz de altiplano.
Cartagena — una hora en avión, otro país
CostaBogotá a 2.640 metros, Cartagena a nivel del mar. El calor golpea al abrir la puerta del avión. Los colores cambian. El ritmo cambia. El acento cambia. Colombia tiene más países dentro que la mayoría de continentes.
Islas del Rosario — el arrecife que todavía existe
ArchipiélagoVeintisiete islas coralinas a cuarenta y cinco minutos en lancha. El agua tiene ese color imposible de fotografiar. No alquilar a través de los agentes de la bahía: ir al embarcadero del Muelle de la Bodeguita y negociar directamente. La diferencia de precio es el 40%.
Mompox — la ciudad que el río se tragó
Colonial olvidadaGarcía Márquez nació de Mompox aunque sea de Aracataca. La ciudad que el río Magdalena abandonó cuando cambió de curso y quedó detenida en 1800. Seis horas desde Cartagena por carretera y ferry. Sin aeropuerto, sin cadenas de hotel. El tiempo parado en el siglo XVIII, pero el aguardiente frío.
Tren nocturno a San Petersburgo — el Krasnaya Strela
Tren nocturnoSale de la Leningradsky Station a las 23:55. La Flecha Roja lleva haciendo el trayecto desde 1931. Ocho horas, litera blanda, samovar en el pasillo, conductor que trae té en vaso de metal. Llegas a San Petersburgo a las 7:55 con el tiempo justo para el desayuno y los canales.
Once horas en tren desde Moscú. Capital de la República de Tatarstán, donde el Islam y la ortodoxia comparten kremlin. La mezquita Kul Sharif y la Catedral de la Anunciación a cien metros. El echpochmak, la empanada tártara, en el mercado central. Russia plural, no Russia única.
Portobello Road — viernes por la mañana
MercadoEl mercado de antigüedades más famoso de Londres funciona mejor el viernes que el sábado. Los dealers serios están el viernes. Los turistas llegan el sábado. La diferencia es lo que separa comprar algo real de comprar un recuerdo.
Golborne Road — el Portobello sin turistas
MercadoAl norte del Portobello, donde el mercado se convierte en calle marroquí y portuguesa. Pasteles de nata en la pastelería portuguesa, tagines en el restaurante marroquí de toda la vida, anticuarios que no han cambiado el precio en diez años. Lo que Notting Hill fue antes de que Notting Hill se convirtiera en una película.
Print Club London — serigrafía
ColeccionarLa galería de serigrafía de Dalston que hace ediciones limitadas de artistas internacionales a precios que todavía tienen sentido. El lugar donde se compra arte en Londres cuando no tienes presupuesto de galería de Mayfair pero sí tienes criterio.