Al norte del Portobello, donde el mercado se convierte en calle marroquí y portuguesa, Golborne Road tiene la densidad de un lugar que no necesita ser descubierto porque ya existe para sus propios fines. La pastelería portuguesa lleva décadas vendiendo pastéis de nata a vecinos que no han pensado nunca en Instagram. El café del marroquí tiene una televisión sintonizada en Al Jazeera.
La diferencia entre Portobello y Golborne es de temperatura. Portobello, especialmente los sábados, es una operación logística de anteponer las mercancías a las personas. Golborne es más lenta, más desordenada, más honesta sobre lo que es: una calle de barrio que vende cosas útiles y algunas cosas innecesarias y en la que la gente se conoce.
Los anticuarios de Golborne son distintos a los del Portobello principal. Hay más polvo, precios más razonables, menos certeza sobre la procedencia. No es un reproche, es una descripción. El que busca con tiempo puede encontrar cosas que el mercado principal ya absorbió y revalorizó hace décadas.
Los edificios de apartamentos que hay al fondo de la calle tienen una historia de ocupación y lucha de vecinos que el barrio no ha olvidado. Notting Hill es un nombre que el mercado inmobiliario usa con libertad, pero Golborne Road no es Notting Hill. Es el rincón donde todavía vive gente que no puede pagarse Notting Hill.
Golborne Road es lo que Portobello fue antes de que Portobello se convirtiera en lo que es. Puede que en diez años sea otra cosa, puede que no. Mientras tanto, vale más un café en la terraza del portugués un martes por la mañana que toda la vuelta al mercado un sábado de octubre.