Dos horas en ferri desde el puerto de Miami. Nassau no es una extensión de Miami aunque esté a menos distancia que muchas ciudades del estado de Florida. Es otro país, con su propia historia colonial, su propio sistema legal, su propia velocidad. El ferri cruza una frontera real aunque el trayecto parezca una excursión.
La Nassau que los cruceros muestran a sus pasajeros es el downtown histórico con sus fachadas coloniales pintadas de colores pastel y sus tiendas de relojes y licores libre de impuestos. Esa Nassau existe y tiene su dignidad, pero es la versión preparada para el tránsito. La ciudad de verdad está en los barrios que los pasajeros de crucero no alcanzan en el tiempo que tienen entre desembarco y reembarco.
Las Bahamas tienen una historia compleja de esclavitud, de piratería, de dependencia colonial y de economía construida alrededor del turismo que vino después. Nassau carga con todo eso en su arquitectura y en su estructura social, y quien se queda más de un día empieza a verlo en capas que no son visibles desde la terminal de cruceros.
La gastronomía bahamense tiene platos propios que no compiten con el resort buffet: el conch en todas sus formas, los mariscos locales, el pan johnnycake. Encontrarlos requiere alejarse de las zonas turísticas y entrar en los fish fry de Arawak Cay, donde la gente de Nassau come los fines de semana.
Quédate al menos una noche para ver Nassau sin el efecto de masa de los cruceros. La ciudad a las seis de la mañana, antes de que llegue el primer barco del día, es un sitio completamente diferente.