Cañones de arenisca roja de trescientos metros de altura, el río Virgin al fondo, senderos que te ponen en perspectiva. Zion está en Utah, a dos horas y media de Las Vegas, y la diferencia entre las dos no es solo geográfica. Entrar en el parque después de conducir desde el Strip es pasar de la ciudad más artificial del continente a uno de sus paisajes más intactos sin escala intermedia.
El Narrows, el sendero que discurre por el interior del cañón vadeando el río, es uno de los más fotografiados de los parques nacionales americanos y también uno de los más físicamente exigentes para quien no lo anticipa. Se camina en el agua, con corriente, sobre piedras resbaladizas, con los muros del cañón a pocos metros a cada lado. En temporada alta el sendero tiene colas, lo cual es una experiencia surrealista en un lugar así.
La geología de Zion es distinta a la de Red Rock Canyon aunque ambos sean arenisca roja. El parque tiene una escala vertical que el cañón no tiene: paredes de trescientos metros que cambian de color a lo largo del día según la posición del sol, desde el naranja del amanecer hasta el morado de última hora. La erosión del río a lo largo de millones de años produjo formas que el viento solo no habría podido hacer.
Llegar antes de las ocho de la mañana en temporada alta no es una recomendación de guía: es la condición para tener una experiencia razonable. El parque tiene un sistema de autobuses lanzadera que funciona bien una vez que el parking principal está lleno, pero la primera hora de la mañana, con pocos visitantes y luz lateral, es otra cosa. Reserva con suficiente antelación si vas a verano.
Zion justifica hacer base en Las Vegas aunque no te interese el casino por ningún motivo. La ciudad es el punto de acceso más cómodo a varios de los parques nacionales más importantes del suroeste americano, y eso no aparece en ningún anuncio del turismo de Nevada porque nadie gana dinero con ello.