Xavier Luque · 2026

A veces pienso que el ejercicio que nos puso Mariano Baños aquel primer día en ICOM no era el de escribir nuestras memorias. Era el de escribir el futuro.

Yo llegué a ICOM con el gusanillo de no haber terminado EINA y con una VFR blanca, a conjunto con el Mac. Había corrido el rumor de que allí estaban los mejores, los que de verdad entendían para dónde iba la comunicación. Me inscribí y conocí a mi profesor de creatividad, Mariano Baños, el creativo que puteó a millones de niños con el anuncio de toma, plantavit, enano.

El primer trabajo de creatividad: entregar tus memorias.

Me lo tomé como un asunto de estado.

ICOM · El CD

Presenté un CD interactivo — futurista, para la época — donde aparecía una foto mía de viejo, barba larga, pelo al viento, con una Harley negra. Y en ese CD, mis memorias contaban que había entrado en DDB, la agencia del momento. Que había trabajado para Audi haciendo un interactivo donde el cliente configuraba el coche, el color, el motor, y hasta el acompañante. Que había ganado un par de Cannes por lo que ahora sería un juego de avatares para Sony. Y que después de trabajar para las mejores marcas del país, había desaparecido del mapa. Que algunos me habían encontrado en un chiringuito de playa haciendo las mejores paellas de la costa.

Mariano Baños anduvo todo el curso sin puntuar aquel trabajo.

Hasta que un día me dijo: Vale ya. ¿Cómo quieres que puntúe eso? Tienes un 15. Aquí el resto han venido a aprender a hacer estas cosas.

No contesté.

Ya sabía que aquel primer año en publicidad sería el último. Que como siempre, tendría que buscarme las habichuelas por mi cuenta.

DDB · Paco

Años más tarde, entré en DDB.

Allí estaban todos. Los que ponían las reglas del juego. Los rockstars de verdad. Yo, que los había mitificado desde un aula, fui descubriendo que esos dioses eran de carne y hueso.

Me contrataron para la nueva pata interactiva. Ya me conocían: había pasado por Intercom y otras agencias haciendo interactivos para todas las marcas de ADSL del mercado. Allí conocí a Paco. Una mente extraordinaria, memoria fotográfica, de esas que te cambian la manera de trabajar. Formamos pareja creativa. Cada mañana nos mirábamos y teníamos un juego interactivo nuevo para el cliente que fuera.

Después de un año nos hicieron socios. Éramos la única agencia donde nos permitían trabajar para BBVA y La Caixa al mismo tiempo — porque no éramos publicistas. Éramos tecnología. Y la tecnología no elige bando.

Casi diez años después, me encontré aburrido.

Aproveché la primera crisis del sector para marcharme sin que pareciera una fuga.

Fallé en lo del acompañante del Audi.

Y también en la moto: en mis memorias era una Harley negra.

La vida, que tiene mejor dirección de arte que uno, me puso una Triumph.

La Coctelería Ideal · París

Lo primero que hice fue ir a la Coctelería Ideal y pedir el Macallan más caro que tenían. Solo. Sin reuniones, sin Paco, sin BBVA ni La Caixa.

Me fui descapotado. No por fardar, sino porque necesitaba sentir el viaje. Que el aire me fuera cambiando la piel: Barcelona, carretera, frontera, otra luz, otro frío, otro olor.

Como si aquello fuera mi pequeña Ilíada.

Aunque París no era el destino.

El destino era comprobar si el sueño, al tocarlo, seguía vivo.

Al llegar, Stéphane Pompougnac estaba pinchando.

Pedí un gin-tonic. El camarero me preguntó si quería algo más. Y sin pensarlo, le dije: ¿Tendría una habitación disponible para mí esta noche? Le hizo gracia. Me consiguió una preciosa.

Colonia Costes

Aquella noche hice las paces con los ídolos.

Siempre había idealizado aquel hotel. Y fue la primera vez que, al materializar el sueño, no se rompió.

A lo mejor, lo que Mariano nos pedía era escribir nuestro futuro.

Memorias de un macarra de la imagen

Xavier Luque · 2026 · Publicado en SINPERMISO · sinpermiso.club