Yanaka, Nezu y Sendagi: el triángulo de barrios al norte que sobrevivió a todo y que hoy es el mejor museo de arquitectura popular japonesa del mundo. Nadie lo llama así porque no es un museo con entrada ni con horario: es una acumulación de casas de madera, templos, talleres y calles estrechas que sobrevivieron al terremoto del 23 y a los bombardeos del 45 por razones que tienen más que ver con la suerte que con la planificación.
El término Yanesen es una contracción que los propios habitantes del área adoptaron para identificarse: los tres barrios comparten una escala y un carácter que los distingue del Tokio que se construyó o reconstruyó en la segunda mitad del siglo veinte. Esa identificación colectiva ha sido útil para la resistencia a presiones de desarrollo que en otros barrios han transformado el tejido sin posibilidad de vuelta atrás.
Nezu, el más pequeño de los tres, tiene un santuario con miles de torii naranjas que sube por la ladera de la colina. Es conocido pero no con la intensidad de Fushimi Inari en Kyoto, lo que significa que es posible visitarlo en un día de semana sin la densidad de visitantes que convierte el original en otra cosa. La comparación no es peyorativa: Nezu es él mismo, no una versión menor de ningún otro lugar.
Sendagi, el barrio más residencial de los tres, tiene una concentración de escritores y artistas que llevan viviendo allí décadas —el barrio ha sido barrio de intelectuales desde antes de que eso tuviera valor de mercado. Esa presencia ha generado una oferta de librerías de segunda mano, cafeterías con biblioteca y tiendas con criterio editorial que no obedece a ninguna estrategia de barrio creativo sino a la sedimentación de décadas.
Yanesen funciona como lo contrario de un distrito cultural diseñado: es un lugar que se volvió culturalmente interesante porque la gente que quería vivir de cierta manera encontró allí el espacio y el precio para hacerlo, antes de que eso se pusiera de moda. Que ahora sea destino de visita no lo ha transformado todavía en destino solo de visita. Sigue siendo, principalmente, un lugar donde vive gente.