Porque Madrid tiene tres sitios donde el siglo XIX no se ha enterado de que terminó: el Senado, el Casino y Lhardy. Y solo en uno de los tres se come.
Porque el cocido madrileño bueno no se hace en casa: se hace en una cocina que lleva 185 años sin cambiar el orden de los vuelcos. Esa cocina está aquí.
Porque hay días en que no quieres una experiencia. Quieres peso histórico. Lhardy es eso. Punto.
Lhardy no se elige. Se hereda.