Madrid tiene el bocata de calamares como bandera. Lo defiende como si lo hubiera inventado. Plaza Mayor, Botoneras, La Ideal, El Brillante. Todos los días, miles de turistas pidiendo lo mismo a las mismas horas.
El problema es que casi nadie pregunta de dónde sale el calamar. La Campana —que para muchos es el goat de Madrid— lo dice abiertamente: llega cada mañana desde Vigo. Vigo, Galicia. Atlántico. Madrid no tiene mar y el calamar lo sabe.
Los buenos calamares del Mediterráneo —los pequeños, los de costa, los que la gente se pelea en lonja— salen del Mar Menor, de Cartagena, de toda la costa murciana. Y a 400 km de Plaza Mayor hay un bar que abrió en 1926 y que lleva un siglo friéndolos sin parar.
Madrid no tiene mar. El calamar lo sabe.
Bar Los Zagales. Calle Polo de Medina, 4, Murcia. A cinco minutos de la catedral. Un sitio sin glow up de ningún tipo. Barra de zinc, mármol con grietas, abuelos a las 11 de la mañana con vermut y gabardinas. Una era entera concentrada en cuatro mesas.
Pides el bocata. Te lo hacen al momento. Calamar fresco, harina justa, aceite limpio. Pan rústico que aguanta sin pelearse con la fritura. Cuatro euros con cincuenta y tienes lo que en Madrid pagas por un café con espuma. La Campana, en honor a la verdad, también lo vende a 4,50€. Pero Murcia juega con el calamar de su mar. Madrid juega con calamar de avión.
Esto no es nostalgia. Esto no es romantizar el pueblo. Esto es un bar que lleva 4.967 reseñas y un 4,8 sobre 5 en Google. Y el comentario que más se repite, palabra por palabra, es: "los calamares."
¿Lo dice SINPERMISO contra Madrid? No. Lo dicen 4.967 personas que ya estuvieron allí. Si esto es un L para Madrid, lo asume Madrid. Nosotros solo lo escribimos.
El mejor bocata de calamares de Madrid es el que se come sin Madrid.