El barrio más antiguo de Singapore, construido por el gobierno colonial en los treinta con bloques art déco únicos en Asia, lleva una década siendo el barrio de moda de Singapore de la manera en que los barrios se ponen de moda en las ciudades que tienen dinero: paulatinamente, irreversiblemente, y con la pérdida progresiva de lo que lo hizo interesante en primer lugar.
Los bloques de pisos de la Singapore Improvement Trust tienen una singularidad arquitectónica que no se da en ningún otro desarrollo residencial de la región. Las esquinas redondeadas, las ventanas en bandas horizontales, los corredores abiertos que conectan las viviendas: es modernismo tropical sin que nadie lo llamara así cuando se construyó, porque lo que necesitaban era simplemente vivienda ventilada.
Los residentes originales son mayoría todavía en los bloques HDB más viejos, los que llevan décadas en el mismo piso y conocen a los vecinos por el nombre. Al lado, en las shophouses de las calles bajas, hay cafeterías de especialidad, restaurantes de nueva cocina, tiendas de ropa y BooksActually. Esas dos capas coexisten sin mucha relación entre sí.
El mercado de Tiong Bahru, el wet market en el edificio circular, funciona desde primera hora de la mañana con el mismo ritmo de siempre. Las señoras mayores compran tofu fresco y verdura de hoja y cerdo de la carnicería de siempre. A las nueve ya hay puestos del hawker centre del piso de arriba con cola. Ese ritmo no ha cambiado aunque el barrio que lo rodea sea otro.
Tiong Bahru es la demostración de que la gentrificación no necesariamente destruye un barrio, pero sí lo divide. Hay dos Tiong Bahru que se ignoran mutuamente: el que va a comprar el flat white y el que va a comprar tofu. Que ambos tengan derecho a estar en el mismo barrio es el único mérito real de cómo Singapore ha gestionado esta transformación.