Diez kilómetros de sendero elevado que conecta cuatro parques entre el sur de la isla es una de las cosas mejor diseñadas de Singapore sin ser un edificio. La ruta pasa por encima de la autopista, por pasarelas entre árboles, por laderas con vistas al estrecho, y en ningún momento tienes la sensación de estar en un entorno artificial aunque estés en un entorno completamente gestionado.
La ruta empieza o termina en Mount Faber, según desde dónde la hagas, y pasa por HortPark, por Kent Ridge y por Labrador Nature Reserve. No hay un solo punto de entrada o salida obligatorio: puedes entrar en cualquier parque, caminar hasta donde el tiempo o la energía lo permitan, y salir al metro más cercano. Es una infraestructura peatonal que respeta la autonomía del que la usa.
El Henderson Waves, el puente ondulado de madera y acero que cruza entre dos laderas a veintidós metros de altura, es la estructura más fotografiada de la ruta y también, objetivamente, una de las obras de ingeniería de uso peatonal más interesantes que Singapore ha construido. Está pensado para ser recorrido, no para ser admirado desde abajo.
A primera hora de la mañana, antes de las ocho, el sendero tiene corredores, personas mayores haciendo ejercicio lento y pájaros que no distinguen entre un parque urbano y un bosque real. La humedad es máxima a esa hora y la luz entra oblicua entre los árboles. Es el momento en que Singapore se parece más a lo que era antes de ser lo que es.
Los Southern Ridges demuestran que una ciudad puede integrar infraestructura verde y movilidad peatonal sin que el resultado parezca decoración. La ruta funciona como ruta porque conecta lugares reales a los que la gente quiere ir. Ese detalle, que parece obvio, es más difícil de conseguir de lo que sugiere la cantidad de infraestructuras verdes que funcionan únicamente como foto.