La isla de los resorts, el Universal Studios, las playas artificiales de arena importada de Indonesia es todo lo que una ciudad-estado de alta renta construye cuando decide que necesita un parque de atracciones de escala regional para competir con Bali y Phuket sin renunciar al control que caracteriza todo lo demás que hace.
Sentosa está conectada al continente por cable aéreo, por monorraíl y por un vial que atraviesa el estrecho. No se llega por accidente: hay que querer ir, pagar o reservar, y aceptar que lo que hay al otro lado tiene el diseño de un resort privado aunque sea técnicamente accesible. La naturaleza del lugar filtra la intención.
Las playas son funcionales en el sentido de que tienen arena y tienen mar. La arena llegó de Indonesia en barcos, el mar es el estrecho de Singapore, y la temperatura del agua es la del sudeste asiático en cualquier punto del litoral. Hay puestos de bebidas, hay tumbonas de alquiler, hay un volumen de gente que los fines de semana convierte los accesos en cuellos de botella.
Resorts World Sentosa tiene casinos, hoteles de cadena internacional, atracciones temáticas y restaurantes que van desde el fast food hasta el fine dining. Es un destino completo en el sentido de que no necesitas salir de él para que el día tenga contenido. Esa autosuficiencia es el modelo: que la gente llegue y no tenga razones para irse hasta que haya gastado suficiente.
Sentosa es Singapore siendo explícitamente lo que otras partes de la ciudad solo son implícitamente: un espacio diseñado para el gasto controlado en un entorno controlado. La diferencia es que en Sentosa lo dicen sin rodeos. El resto de la ciudad disimula mejor, pero el principio es el mismo.