El bar temático que no debería funcionar y funciona perfectamente lleva en el V arrondissement más tiempo del que la lógica del negocio temático sugeriría. La premisa es simple: un bar dedicado a la cultura geek, la ciencia ficción, los videojuegos, el rol y todo lo que orbita alrededor de ese universo. La ejecución es lo que lo diferencia de la mayoría de bares temáticos, que suelen morir en la decoración sin entender que el tema necesita ser vivido, no solo exhibido.
El local tiene varios pisos, cada uno con su propia atmósfera dentro del universo general. Hay noches de juegos de mesa, hay proyecciones, hay eventos que la comunidad organiza y el bar acoge. Eso es lo que lo distingue de un bar decorado con referencias: es un espacio donde ocurren cosas que no ocurrirían en otro sitio, y la gente que va sabe exactamente por qué va.
El nombre hace referencia a una novela de Douglas Adams, lo cual ya dice algo sobre el público al que apunta: no al fan casual que ha visto una película de superhéroes, sino al que tiene una relación más larga y más densa con la cultura que el bar celebra. Esa especificidad en el público objetivo es arriesgada comercialmente pero produce una comunidad más sólida que la de los sitios que intentan gustar a todo el mundo.
Estar en el Barrio Latino le da un contexto que funciona a su favor: el V arrondissement tiene una tradición larga de locales excéntricos que sobreviven porque su clientela es universitaria, intelectual y fiel. El bar encaja en ese ecosistema mejor de lo que encajaría en un barrio más gentrificado donde el precio del local exigiría un volumen de rotación incompatible con el tipo de noche que ofrece.
Los bares que construyen comunidad son más difíciles de matar que los bares que construyen atmósfera, porque la comunidad vuelve aunque la atmósfera envejezca. El Dernier Bar tiene las dos cosas, y eso explica su longevidad en un mercado que mata conceptos con rapidez.