Un bar de marineros de los años veinte que sobrevivió a Sandy, a la especulación y al gentrificado de Brooklyn. Sunny's Bar en Red Hook es el tipo de sitio que existe en las ciudades a pesar de todo: a pesar de los precios, a pesar de la presión, a pesar de que el barrio que lo rodea ha cambiado varias veces mientras el bar seguía siendo el bar. Red Hook es una península industrial en el suroeste de Brooklyn sin acceso directo al metro, lo que la ha protegido parcialmente de lo que destruyó otros barrios.
El bar tiene el aspecto de un bar que nadie ha renovado porque no ha visto la necesidad: las paredes con carteles y objetos sin orden aparente, la barra estrecha, la luz insuficiente que en otro contexto sería un defecto y aquí es una característica. Hay música en directo algunos días, bluegrass o jazz o algo parecido, tocado por músicos que vienen porque quieren tocar aquí, no porque les paguen bien.
Sandy inundó Red Hook y cerró Sunny's durante meses. La reapertura fue un acontecimiento del barrio de una magnitud desproporcionada a la escala del local: Red Hook necesitaba que Sunny's sobreviviera de la misma manera en que los barrios necesitan a veces un punto fijo que les recuerde que tienen una continuidad.
Red Hook tiene ahora una pista de patinaje, algunos restaurantes que han llegado con intención de quedarse, y una bodega de vinos que tiene una reputación que trasciende el barrio. El proceso es el conocido. Sunny's observa desde la misma esquina de siempre, sin urgencia.
Ve en invierno, cuando Red Hook se queda sin gente de paso y el bar vuelve a ser lo que fue siempre. Pide lo que haya, habla con quien esté en la barra, y entiende que lo que sostiene a este sitio no es ninguna idea de autenticidad gestionada sino simplemente que lleva aquí mucho tiempo y no tiene intención de irse.