El bar más barato de Manhattan lleva en Hell's Kitchen desde 1933 y ha sobrevivido a todo lo que el barrio ha sido: el barrio de los gangs irlandeses, el barrio de los actores sin trabajo, el barrio de la prostitución de bajo nivel, el barrio de los estudios de ensayo y los pisos compartidos. Rudy's ha servido cerveza barata a todos esos barrios sin cambiar de nombre ni de actitud.
La decoración es la que es: el letrero de neón original, las paredes con fotos y carteles que llevan décadas sin que nadie decida qué quitar, la barra de madera con la pátina de noventa años de codos apoyados. No hay ningún elemento de decoración intencionada. Lo que hay es el resultado de no decorar nunca, que en cierta manera es el único estilo que no pasa de moda.
Las pintas son baratas en la escala de Manhattan. La salamandra de la entrada es el símbolo del bar, aunque nadie sabe del todo por qué. En el patio trasero hay mesas de plástico y luz suficiente para ver lo que bebes. En verano, la gente se queda en el patio hasta que cierra. En invierno, todos dentro.
Hell's Kitchen ha cambiado: los estudios de teatro amateur compiten con los restaurantes de precio medio y los bares con carta de cócteles y los hoteles de diseño que se instalaron en la zona cuando el Midtown West se puso de moda. Rudy's observa todo esto desde la misma esquina con la ecuanimidad de quien lleva aquí más tiempo que cualquier tendencia.
Pide una pinta, no preguntes si hay carta de cócteles, no te sorprendas si el baño necesita una reforma. Rudy's Bar es el tipo de sitio que la gente con dinero preservaría como pieza de museo si pudiera; la diferencia es que aquí no es un museo, es un bar, y eso es exactamente lo que lo hace insustituible.