La frontera entre Brooklyn y Queens que nadie ha llegado todavía a destruir del todo. Ridgewood es uno de esos barrios que los artículos de tendencias llevan años 'descubriendo' sin que el descubrimiento haya llegado a completarse. Las casas de ladrillo rojizo, las calles con nombres de letras, los negocios que llevan décadas en el mismo local: todo esto existe todavía, aunque bajo presión.
La arquitectura de Ridgewood es coherente de una manera que Manhattan olvidó hace tiempo: bloques enteros de casas de principios del siglo XX construidas con el mismo ladrillo, la misma escala, las mismas proporciones. Quien las construyó estaba pensando en el barrio como conjunto, no como conjunto de propiedades individuales. La diferencia se nota en la calle.
La demografía de Ridgewood refleja la historia de la inmigración de Queens mejor que cualquier estadística: comunidades centroamericanas, polonesas, bangladesís, mezcladas con los hijos y nietos de quienes llegaron antes. Los negocios del Metro Avenue no están orientados al visitante. Están orientados al vecino, que es una distinción que cada vez más barrios de Nueva York han perdido.
La línea M del metro pasa por el centro del barrio y conecta Ridgewood con el Midtown en menos de treinta minutos. Eso debería haberlo destruido ya. Que no lo haya hecho del todo tiene que ver con factores que los analistas inmobiliarios entienden mejor que yo, pero el resultado visible es que el barrio todavía existe como barrio y no solo como mercado.
Baja en Fresh Pond Road y camina hacia el este sin plan concreto. Ridgewood es uno de los pocos barrios de la ciudad donde puedes pasar una hora caminando sin que nada te recuerde que estás en uno de los mercados inmobiliarios más competitivos del planeta.