El barrio de los mercaderes del siglo XIX, al sur del Kremlin cruzando el Moskova: Zamoskvorechye lleva en su nombre la posición geográfica y en su arquitectura toda la ambigüedad de lo que fue la burguesía comercial rusa antes de que dejara de ser posible serlo. Casas de comerciantes con patios interiores, iglesias de barrio, calles que no han sido del todo regularizadas por el urbanismo del siglo XX.
La galería Tretyakov está en Zamoskvorechye, lo cual dice algo sobre el tipo de gente que vivía aquí: Tretyakov era uno de esos mercaderes con dinero y criterio que decidieron que el arte ruso merecía una institución. El barrio tiene esa misma mezcla de solidez comercial y vocación cultural que caracteriza a las burguesías que se toman en serio.
Las calles interiores del barrio —lejos de las avenidas principales que lo bordean— conservan una escala que el centro de Moscú ha perdido en gran parte. No es pintoresco en el sentido turístico: hay coches aparcados en las aceras, bloques soviéticos intercalados entre las mansiones del XIX, negocios de barrio que no tienen nada de especial. Es la ciudad funcionando a una temperatura normal.
La transformación de Zamoskvorechye en los últimos años ha sido gradual y no del todo irreversible: hay cafeterías nuevas, hay galerías, hay la presión de la proximidad al centro que convierte los bajos de cualquier edificio en un candidato a local de hostelería. Pero el barrio todavía tiene la masa crítica suficiente para resistir la temática.
Zamoskvorechye es el lugar de Moscú donde todavía es posible caminar sin que el espacio urbano te esté vendiendo algo o recordándote dónde estás. Cruza el Moskova por cualquiera de los puentes desde el Kremlin y camina hacia el sur sin un destino fijo. La ciudad real empieza antes de lo que esperas.