La calle peatonal más turística de Moscú tiene más cadenas de comida rápida que ningún otro lugar de la ciudad, y eso no es un accidente sino el resultado lógico de décadas de política comercial que priorizó el turismo de paso sobre el comercio de barrio. El Arbat Viejo era hace mucho la calle de los artistas e intelectuales moscovitas; lo que queda de eso es una placa y la arquitectura.
Las cadenas de comida rápida en el Arbat cumplen la misma función que las cadenas de comida rápida en cualquier zona turística del mundo: sirven a quien necesita comer rápido, barato y sin riesgo de sorpresas. No hay nada que reprocharles por existir. El problema es que su concentración en esta calle específica es el síntoma de que el Arbat ya no tiene ninguna función para los moscovitas.
La ironía más obvia es la del McDonald's que abrió en Pushkin Square en los noventa como símbolo del aperturismo, y que durante años tuvo las colas más largas de la ciudad. Ese McDonald's ya no existe de la misma manera, pero la presencia masiva de cadenas en el Arbat conserva algo de esa lógica: el fast food occidental como marcador de modernidad, aunque la modernidad haya cambiado de dirección desde entonces.
El Arbat Nuevo, la avenida que corre paralela hacia el río, es un corredor de bloques soviéticos de los años sesenta que fue modernísimo en su momento y ahora tiene la escala de un error urbano magnificado. Juntos, el Arbat Viejo y el Arbat Nuevo, forman uno de los corredores más instructivos de Moscú para entender cómo la ciudad imagina el espacio público en diferentes momentos.
Si quieres comer bien cerca del Arbat, camina dos manzanas en cualquier dirección y busca un local que no tenga el menú en inglés en la puerta. La ciudad real empieza donde termina el radio de visibilidad del turista, y en el Arbat ese radio es muy corto.