Una mesa de japoneses con cámara. Otra de un señor de Burgos comiendo solo el menú del día.
Una pareja de americanos preguntando por Hemingway. Y los camareros, que llevan más años aquí
que la mayoría de Madrid lleva cenando.
Hemingway iba. Forman iba. El abuelo de tu mejor amigo iba. Tu padre, si vino a Madrid en los 80, fue.
Botín no es un restaurante: es una sala de espera de la historia europea con cochinillo de paso.
¿Hay turismo? Sí. ¿Y? La diferencia entre un sitio turístico que importa y uno que no
es muy fácil de medir: ¿lo seguirías comiendo si fuera tu cumpleaños? Aquí, sí.