Lo que Hackney era hace diez años: ese resumen circula en Peckham con cierta frecuencia y es inexacto de la manera en que todos los resúmenes son inexactos. Peckham tiene su propia historia, su propia demografía, su propia manera de relacionarse con el cambio. No es Hackney en versión retrasada. Es otra cosa.
La comunidad afrocaribeña lleva en Peckham desde la segunda mitad del siglo veinte. Rye Lane es todavía una calle donde las carnicerías nigerianas y las tiendas de telas ghanesas tienen la misma presencia que los bares de vino natural que han llegado en la última década. El equilibrio es inestable pero todavía existe.
La terraza en el tejado del antiguo almacén de Frank's Café —solo en verano— tiene una de las mejores vistas de los tejados del sur de Londres. No hay señalización, la rampa de acceso es oscura, el bar es pequeño. Eso formaba parte del atractivo cuando era secreto. Ahora que no es un secreto, el atractivo es la vista.
Peckham Levels es el aparcamiento de varios pisos convertido en espacio de oficinas, talleres, bares y restaurantes. Es el tipo de proyecto que en otra ciudad sería suficiente para declarar que el barrio ha llegado. En Peckham coexiste con Rye Lane sin que ninguno de los dos cancele al otro, al menos por ahora.
Peckham interesa precisamente porque todavía no ha terminado de decidirse. La ciudad que llegó con dinero y cafés de especialidad está negociando con la ciudad que ya estaba, y el resultado de esa negociación no está escrito. Es el momento correcto para estar en el barrio, antes de que el resultado sea evidente.