El pub de Soho donde De Gaulle organizó la Resistencia francesa desde Londres durante la guerra no cuelga una placa de ello en la entrada. Es el tipo de historia que el French House lleva con la discreción correcta: la sabe quien la sabe, y quien no la sabe está bebiendo en el sitio correcto de todas formas.
El local lleva en el mismo sitio de Dean Street desde antes de que el barrio fuera Soho tal como lo conocemos ahora. Las generaciones de escritores, pintores, actores y borrachos con talento que lo han frecuentado forman una lista que sería tedioso enumerar. Lo relevante es que el tipo de persona que venía aquí seguía siendo reconocible décadas después de que murieran los primeros.
Una de las reglas del French House es que no sirven pinta: solo medias pintas de cerveza. La razón es que aquí se viene a hablar, no a beber en silencio. La media pinta obliga a ir al mostrador más a menudo, y en cada viaje al mostrador hay una conversación posible. Es una política que suena anacrónica y funciona perfectamente.
El comedor del piso de arriba es un restaurante pequeño que sirve cocina francesa sin pretensiones heroicas. Caracoles, terrina, bistec. No hay carta de cócteles ni selección de vinos naturales. Hay lo que hay, y lo que hay es suficiente para entender por qué el local no ha necesitado reinventarse.
El French House es el pub que los demás pubs londinenses querrían ser cuando crecen, si la mayoría no hubiera decidido convertirse en otra cosa. No ha cambiado porque no tenía motivos para cambiar. Eso, en esta ciudad, es un acto de resistencia tan válido como cualquier otro.