Ridley Road Market con sus especias y sus telas de África occidental es el centro de gravedad de Dalston, pero no el único. Este rincón del este de Londres tiene una densidad de vida que sus vecinos más publicitados han ido perdiendo. Todavía hay sitios en Dalston donde no te hablan en inglés en el primer idioma.
El mercado de Ridley Road abre casi todos los días y vende lo que necesita el barrio: verduras, pescado, telas, hierbas que no tienen traducción directa al inglés. No es un mercado para visitantes. Es un mercado que funciona, lo que en Londres es cada vez más escaso. El precio de un manojo de cilantro aquí es el precio real.
Dalston fue turco, fue caribeño, fue kurdo, fue la frontera sur de Stoke Newington. Las capas coexisten sin mucha ceremonia. Los bares que abrieron hace diez años buscando el ambiente auténtico forman ya parte del paisaje, que es lo que les pasa a todos los que llegan buscando lo auténtico: terminan siendo parte del problema y parte de la solución al mismo tiempo.
El Dalston Superstore y el café de la esquina donde se reúnen los hombres mayores a jugar al backgammon están a doscientos metros uno del otro. Esa distancia es la cartografía del barrio. Los dos tienen razón de existir, los dos se ignoran con elegancia.
Dalston resiste porque es útil antes de ser interesante. El mercado provee. Los negocios del barrio sirven al barrio antes de servir al visitante. Mientras eso siga siendo así, hay esperanza. Cuando deje de serlo, ya habrá un artículo sobre lo que era antes.