Chimenea, madera, cócteles serios, música que no compite con la conversación. The Griffin es un bar de Downtown Las Vegas que lleva funcionando suficiente tiempo para tener clientela propia, lo cual en esta ciudad es un mérito que no se debe subestimar. La rotación de establecimientos en Las Vegas es alta: los sitios que no pueden pagar el alquiler del Strip cierran, y los que están en el Strip cambian de concepto cada pocos años. Un bar con historia y clientela fija es una anomalía.
El local tiene dos zonas con caracteres distintos: la parte de la chimenea, más quieta y más apta para hablar, y la parte trasera, más oscura y con más gente de pie. La separación no es estricta pero funciona: el bar permite dos velocidades de noche en el mismo espacio, lo cual es difícil de conseguir en un local de estas dimensiones.
La carta de cócteles no es larga pero es honesta. Hay clásicos bien hechos, hay opciones de temporada, hay bartenders que saben lo que están haciendo sin necesitar que se lo preguntes. El precio está por debajo de lo que cobraría el mismo cóctel en cualquier barra del Strip, lo que tiene sentido porque el Downtown tiene estructura de costes diferente y clientela que conoce la diferencia.
The Griffin es parte de la escena del Downtown que creció en paralelo al proyecto de renovación de Fremont Street. No es consecuencia directa de ese proyecto: es consecuencia de que había personas que querían un sitio así y no lo encontraban. El bar llenó un espacio que el Strip no puede cubrir por razones de precio y de escala.
The Griffin es el tipo de bar que cada ciudad necesita y que Las Vegas durante mucho tiempo no tuvo. Un sitio sin tema, sin concepto, sin más ambición que hacer bien lo que hace. En Las Vegas eso es casi radical.