El barrio donde vive la gente que trabaja en los casinos y no quiere oír hablar de ellos al llegar a casa. Summerlin está al oeste de Las Vegas, contra el pie de Red Rock Canyon, y su relación con el Strip es la de cualquier barrio residencial americano con el centro de trabajo: una conexión por autopista que se hace dos veces al día y que separa dos mundos que prefieren no mezclarse.
La urbanización es del tipo que solo existe en el suroeste americano: casas de una o dos plantas, jardines con xeriscaping porque el agua aquí se cuenta, centros comerciales con parking generoso, calles sin aceras porque nadie va a pie. Hay parques y hay campos de golf y hay centros de salud y hay escuelas. Es, en todos los sentidos relevantes, una ciudad normal dentro de la zona metropolitana de la ciudad más anormal del país.
La población de Summerlin incluye una proporción significativa de trabajadores del sector del entretenimiento y la hostelería. Dealers, gerentes de hotel, técnicos de producción, cocineros de los restaurantes del Strip: gente con horarios nocturnos y rotatorios que necesita vivir en un lugar que les permita descansar cuando otros trabajan. Los barrios de Summerlin son silenciosos durante las horas en que el Strip está más activo.
Las Vegas tiene una proporción de residentes que nunca pisan los casinos como clientes, que conocen la ciudad por sus barrios y sus supermercados y sus colegios, que tienen la misma relación con el Strip que un habitante de Barajas tiene con el aeropuerto: es parte del paisaje económico, no parte de la vida cotidiana. Summerlin es donde viven muchos de ellos.
Visitar Summerlin no tiene sentido turístico y ese es exactamente el punto. Es la prueba de que Las Vegas es una ciudad, no solo un espectáculo. En algún lugar tiene que estar la gente que se va a dormir a una hora razonable, y está aquí.