La pantalla de LED más grande del mundo sobre una calle peatonal con actuaciones de cover bands cada media hora. Fremont Street Experience es lo que Las Vegas construyó cuando el Strip le ganó la partida al Downtown original y la ciudad tuvo que reinventar su zona histórica. El resultado es honesto en su falta de sutileza: una cubierta de millones de luces que convierte la noche en espectáculo gratuito y permanente.
La calle que hay debajo de la pantalla es el Las Vegas de antes del Strip. Los casinos de aquí —el Golden Nugget, el Binion's, el Four Queens— son más pequeños, más oscuros, con mesas de mínimos más bajos y una clientela diferente a la del Wynn o el Venetian. Aquí vienen los jugadores que juegan en serio, no en pose, y los turistas que no quieren pagar el precio del Strip por un ambiente que les parece el mismo.
La Experience se inauguró en los años noventa como respuesta directa al declive del Downtown frente al Strip sur. Era un proyecto de supervivencia municipal disfrazado de entretenimiento, y funcionó: el Downtown revivió, aunque no como había sido sino como algo diferente, más ruidoso y más deliberadamente festivo. La nostalgia no es el tono aquí; el tono es el de un sitio que decidió competir con lo que tenía.
Los turistas que llegan aquí esperando encontrar el Las Vegas original se llevan una sorpresa en los dos sentidos. Por un lado, la Fremont Street del casino clásico sigue teniendo más carácter que la mayoría de las avenidas del Strip. Por el otro, la Experience en sí es tan artificial y tan calculada como cualquier atracción del Strip, solo que más barata de acceder.
Fremont Street es el lugar donde Las Vegas confiesa lo que es sin intentar cobrar entrada por ello. La pantalla es enorme y funciona, los casinos tienen historia real, y la cerveza en la calle cuesta lo que debería costar. Para un sitio diseñado para salvarse a sí mismo, ha salido bastante bien.