La calle más larga del mundo dedicada a la gastronomía asiática no está en Hong Kong ni en Singapur: está en Las Vegas, en Spring Mountain Road, y la mayoría de los visitantes de la ciudad no se enteran de que existe. Chinatown de Las Vegas no es un barrio étnico en el sentido clásico: es una franja comercial de varios kilómetros donde conviven restaurantes chinos, coreanos, vietnamitas, japoneses y tailandeses, supermercados asiáticos y negocios de servicio que no tienen ningún interés en el turista.
A las once de la noche, cuando el Strip está en su momento más histérico, Spring Mountain tiene sus propias colas: familias esperando mesa en el restaurante de dim sum, grupos de trabajadores del sector hostelero que salen de su turno y se vienen aquí a cenar, cocineros que conocen los precios y la calidad porque viven en esta ciudad. Es el comedor de Las Vegas, el que usa Las Vegas.
El barrio creció orgánicamente durante décadas, alimentado por la inmigración asiática que llegó primero a trabajar en la construcción y luego en los casinos y la hostelería. No hubo plan municipal, no hubo inversión de imagen: hubo negocios que abrieron donde había comunidad, y la comunidad creció alrededor de los negocios. El resultado es funcional de una manera que el Strip nunca podrá ser.
Lo que el visitante encuentra aquí no es exotismo empaquetado sino normalidad de otro tipo. Los menús están en varios idiomas y el inglés no siempre es el primero. Los precios son los que debería tener la comida. El servicio es eficiente porque la clientela es clientela de verdad, no grupos en tránsito que no van a volver.
Spring Mountain Road es el argumento más sólido de que Las Vegas es una ciudad real, con barrios reales y gente que come en ellos. Queda a diez minutos del Bellagio. Cuesta la mitad. Y la comida es mejor.