En la Colonia Roma, mezcales de pequeños productores oaxaqueños servidos en copitas de barro: el Expendio de Pulques Finos tiene nombre engañoso porque el mezcal comparte espacio con el pulque, y los dos conviven sin jerarquía aparente. Es uno de esos locales que no intenta ser el bar de moda pero que lleva años siendo exactamente eso.
El pulque que sirven aquí viene de tinacal y llega fresco, que es la única manera en que el pulque tiene sentido. Curado de guayaba, de apio, de lo que haya ese día: los curados son el argumento de los que todavía no se han convencido del sabor puro, que es más complejo y más vegetal de lo que nadie espera la primera vez.
El mezcal artesanal tiene su propio rincón en la carta, con productores de Oaxaca y otras zonas que no aparecen en los bares de moda porque producen cantidades pequeñas y no tienen agente de relaciones públicas. Esa es la razón de estar aquí: acceso a algo que no está en todos lados.
El local tiene esa atmósfera de taberna que no ha sido diseñada para parecer taberna: las mesas son lo que son, la luz es la que hay, la música no compite con la conversación. Los clientes son mezcla de colonos de la Roma, visitantes que llegaron por recomendación y algún bartender de día libre que sabe lo que está bebiendo.
El Expendio es uno de esos sitios donde el acceso al producto justifica el desplazamiento sin necesidad de que nada más sea perfecto. Pide un mezcal de un productor que no reconoces, escucha al barman si quiere explicar de dónde viene, y acepta que aprender a beber bien toma tiempo.