Casa de 1920 con piscina en el jardín interior. Mine Hotel lleva en Palermo la manera de hacer hoteles de quien entiende que una casa histórica no necesita que le expliquen su valor: lo tiene, y el trabajo consiste en no estropearlo. El jardín con la piscina es el centro del hotel en el sentido literal y en el simbólico: es donde la vida del lugar ocurre.
Palermo tiene hoteles de diseño que podrían estar en cualquier ciudad del mundo con cambiar el cartel de la entrada. Mine Hotel tiene un sentido de lugar que no se compra en un proveedor de mobiliario escandinavo: está construido sobre una casa que existía antes de que el barrio fuera el barrio que es ahora, y eso da una continuidad que la decoración más cuidada no puede fabricar.
El edificio de 1920 fue diseñado en un momento en que Palermo era un barrio residencial de clase media con aspiraciones, con casonas de varios pisos y jardines que ahora son una rareza. Conservar ese tejido construido y hacerlo funcionar como hotel es una decisión con consecuencias estéticas y económicas que no todo propietario está dispuesto a asumir.
La escala del hotel es pequeña, lo cual determina el tipo de experiencia que ofrece: no hay lobby impersonal ni check-in de aeropuerto. Hay un patio, una piscina que no es enorme pero que funciona, y la posibilidad de estar en el centro de Palermo sin sentir que se está en el centro de nada.
Mine Hotel es para quien va a Buenos Aires a vivir en la ciudad, no a mirarla desde la distancia segura del hotel internacional. La piscina del jardín en una tarde de verano porteño es uno de los argumentos más sencillos y más convincentes para elegir un hotel pequeño sobre uno grande.