Se fabrica en Colombia desde 2007. El Logan nació como coche para mercados emergentes, diseñado con el criterio de que la ingeniería tenía que sobrevivir a infraestructuras imperfectas y a presupuestos ajustados. En eso, Colombia y Bogotá en particular fueron un argumento de venta y también un terreno de prueba.
En Bogotá el Logan es omnipresente en la flota de taxis y en el parque privado de estratos medios. Hay algo en la relación entre la ciudad y ese coche que va más allá de la practicidad económica. Es un objeto que la ciudad reconoce como propio aunque no lo haya diseñado, porque lo ha hecho suyo a través del uso intensivo.
El coche fabricado localmente tiene una historia en Colombia que pasa por varios modelos y varias alianzas industriales. La planta de Envigado, cerca de Medellín, es parte de una economía manufacturera que coexiste con la imagen de Colombia como país de materias primas. Esa coexistencia no siempre aparece en los análisis económicos que hablan del país.
La decisión de comprar o no un Logan en Bogotá tiene que ver con criterios muy concretos: costo de mantenimiento, disponibilidad de repuestos, resistencia al uso urbano que en esta ciudad es especialmente exigente por la altitud, las pendientes y el estado variable de las vías.
El Renault Logan en Bogotá es uno de esos objetos cotidianos que dicen más sobre cómo funciona realmente una ciudad que cualquier indicador macroeconómico. Fabricado aquí, usado aquí, invisibilizado por su propia ubicuidad.