Vinilos de la DDR, cámaras analógicas soviéticas, ropa de los 80 que nunca fue vintage porque nunca dejó de ser real. El Flohmarkt am Mauerpark es el mercadillo más famoso de Berlín y también el que más claramente muestra el proceso de conversión de la memoria en mercancía. Los domingos el parque se llena de puestos, de músicos, de turistas, de berlineses que van sin saber muy bien si a comprar o a mirar o simplemente a estar.
Lo interesante del mercado no es lo que se vende —que tiene mucho de repetición, de los mismos objetos rotando entre puestos— sino la estratigrafía de vendedores. Hay gente que heredó cosas de abuelos que vivieron en el este y las vende sin sentimentalismo porque no sabe qué hacer con ellas. Hay coleccionistas que compran para revender. Hay estudiantes que montan puesto con ropa de segunda mano. Y hay extranjeros que llegaron a Berlín hace cinco años y venden sus propias cosas para pagar el alquiler.
El Mauerpark —el parque del Muro— está construido sobre lo que fue la franja de la muerte: el espacio entre las dos líneas del Muro donde nadie podía entrar. Hoy hay hierba, bancos, el anfiteatro donde los domingos hay karaoke colectivo. La historia está literalmente bajo los pies, y el mercado la pisa sin mucha ceremonia. No es irrespeto; es simplemente que las ciudades siguen adelante.
El karaoke del domingo por la tarde es la parte del Mauerpark que más gente congrega y que menos tiene que ver con el mercado. Un hombre con un micrófono y un sistema de altavoces modestos invita a subir al anfiteatro a cantar, y la gente canta. Canciones de los 80, canciones de ahora, canciones en cinco idiomas. El anfiteatro aguanta centenares de personas que corean. Es uno de los rituales urbanos más genuinos que Berlín ha producido en las últimas décadas.
El Flohmarkt am Mauerpark es mejor visitarlo temprano, cuando todavía no hay multitudes y los vendedores tienen ganas de hablar. A partir del mediodía se convierte en otra cosa: un acontecimiento social más que un mercado, un sitio donde estar más que donde encontrar. Las dos versiones tienen su interés, pero solo una te deja ver lo que hay debajo.