Embajada danesa reconvertida en Tiergarten. El Das Stue ocupa un edificio de los años treinta que fue sede diplomática durante décadas y que guarda esa arquitectura de estado —proporciones grandes, materiales serios, cierta frialdad estudiada— que los hoteles de diseño saben aprovechar mejor que los puramente lujosos. La renovación la firmó un estudio español, y el resultado es una mezcla que tiene más coherencia de lo que esa frase sugiere.
La ubicación es lo primero que se nota en los mapas y lo segundo que se nota al llegar: el Tiergarten está al otro lado de la calle, un bosque urbano que en verano es denso y en invierno se vuelve esquelético y tiene su propia belleza. Desde algunas habitaciones y desde el jardín del hotel, la vista es directamente al parque. En una ciudad donde los hoteles compiten sobre todo por el barrio, este tiene la ventaja de un verde que no caduca.
El restaurante —el Cinco— fue durante un tiempo referencia gastronómica de la ciudad, con estrellas Michelin bajo la batuta de un cocinero que trabajó con Ferran Adrià. El nivel ha variado con los años y las rotaciones de chef, como pasa en casi todos los hoteles de este perfil. Lo que no ha variado es el espacio: el comedor tiene los techos altos de la embajada original y una calidad de silencio que la mayoría de restaurantes berlineses no pueden permitirse.
El Das Stue es, en el mapa mental de los que conocen la ciudad, un hotel para quien viene a Berlín a trabajar con dinero o a quedarse sin el ruido del Mitte y del Prenzlauer Berg. El Tiergarten es una separación real: a diez minutos a pie están las grandes instituciones, los ministerios, la Filarmónica. No es el barrio de las galerías ni de los clubs. Es el barrio donde está el Estado.
Elegir el Das Stue es elegir una Berlín más silenciosa que la que vende la mayoría de las guías. Desde aquí la ciudad se vive de otra manera: más institucional, más calma, con el parque delante y la política cerca. Para quien ya conoce los clubs y busca otro ángulo, tiene sentido. Para quien viene por primera vez, probablemente no es la puerta de entrada correcta.